Los bienes adquiridos durante el matrimonio: qué ocurre tras la separación

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Es una duda que atormenta a muchas personas. ¿Qué ocurre con los bienes tras el divorcio? ¿Se dividen o quedan en posición de una de las partes? Todo acá, tranquilo/a.

Hubo casamiento y en principio las circunstancias estaban dadas para la fidelidad de por vida, pero llegó un momento en que se acabó el amor. Allí se pactó el divorcio y cada uno fijó nuevas metas sobre otro camino. Sí, eso sucede en el primer vistazo, no obstante, ¿qué pasa con la división de bienes? ¿Quién se los queda? ¿Hubo arreglo al momento de iniciar el matrimonio? ¿Esto último existe? Suele ser un hecho sencillo, de resolución fácilmente comprensible. Aún así, los inconvenientes surgen tras la finalización de la relación.

Al volverse insoluble el quiebre de un matrimonio, y de tomarse la decisión, de ambas partes, de acudir al divorcio, se presenta el pedido ante el juez para que este lo firme. Allí, comienza el derecho de cada cónyuge de recibir la mitad de los bienes gananciales (todos aquellos adquiridos durante el matrimonio), que a simple vista pareciera no ser un problema mayor, aunque sí podría suceder que los conflictos surjan por el reparto en general. Asumiendo que eso se solucione en buen término, el hecho de que no exista un único titular posible ralentizará acciones en el futuro. 

Si bien estos episodios se viven con frecuencia, con el nuevo Código Civil y Comercial comenzaron a funcionar desde agosto de 2015 dos tipos de regímenes patrimoniales. Aquellas personas que se casen pueden elegir el régimen de bienes desde un principio: se da la posibilidad entre el de comunidad (todo es de los dos) o de separación (donde cada uno es dueño de lo que adquiera a su nombre). No obstante, es con quienes emplearon el mencionado en primer órden -que igualmente puede modificarse después de transcurrido un año de casamiento- que ocurren cuestiones engorrosas. 

De estar basado en el de separación, el matrimonio funcionará de otra manera: cada compra hecha por un cónyuge será de su propiedad exclusiva. Esto se diferencia de la otra opción. «Todos los bienes adquiridos a partir del matrimonio pasan a formar parte de una masa común (comunidad) que pertenece a ambos, sin importar cuál de los 2 los haya adquirido. Estos bienes se llaman gananciales», se asienta en el Código.

Por ejemplo, una de las consecuencias radica en que ninguna de las partes podrá vender o hipotecar bienes alcanzados por esa clasificación sin que su ex pareja firme el contrato también. En otras palabras, la condición de casados seguirá funcionando sobre algunos ejercicios. 

En ese sentido, la solución es recurrir a un escribano. Los excónyuges, tal como lo expresa el Colegio de Escribanos, realizan una escritura de adjudicación de bienes habidos durante el matrimonio, de los que se desprenden tales como autos, inmuebles o sumas de dinero. Claro que para llegar a este fin es necesario un acuerdo de palabra previo, en razón de que se registre como titular de cada bien a quien corresponda según lo pactado. 

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